06-10-2004
Daniel J. Levinson señaló ya en 1978 que las personas que trabajan en una organización, sea cual sea su responsabilidad o categoría profesional, se encuentran en una etapa de su vida. Cada etapa de la vida tiene una problemática propia, muy relacionada con cada carrera profesional. El conocimiento de las etapas de la vida, puede ayudar a encauzar la carrera profesional de las personas. Hay quien piensa que la orientación académica y profesional es sólo cosa de adolescentes despistados o en la edad del pavo. En Educaweb, sabemos, desde hace muchos años, que eso no es así. Incluso notamos una creciente demanda a nuestro equipo de orientadores de apoyo por parte de distintas generaciones de adultos técnicos, profesionales y directivos.
Según Levinson la vida del adulto no es un proceso continuo, sino que discurre a lo largo de varias etapas, que siguen una secuencia ordenada. Los adultos deben ir tomado decisiones en cada etapa en relación a aspectos como la ocupación, la vida en pareja, la familia y las amistades. Hay períodos en los que se ordena u organiza la vida, y hay períodos en los que se evalúan las elecciones realizadas en los períodos precedentes. Estas etapas están ligadas a la edad, aunque con un cierto margen de flexibilidad. Cada etapa tiene sus tareas propias.
La primera etapa estudiada -de los 20 a los 30 años- es la entrada al mundo adulto. Según, Levinson, las personas, en este período, desarrollan un sueño, buscan un mentor con experiencia, aprenden una profesión o un oficio y forman una familia. Es un período turbulento y apasionante, donde el joven debe simultanear la exploración de las posibles opciones con la adquisición de responsabilidades. Terminados los estudios reglados, el joven tiene que desarrollar las habilidades propias de su profesión y demostrar (se) su competencia profesional. Debe aprender a trabajar con otras personas muy distintas. Hay ocasiones en que este aprendizaje se realiza excesivamente rápido, lo que conlleva asumir responsabilidades precipitadamente, para lo que uno no está suficientemente preparado.
En la transición de los 30, más de una persona entra en crisis. La vida se vuelve más seria y limitada y más de uno se da cuenta de que quiere cambiar. Pera ello toma nuevas decisiones, a veces, radicales. Pero siente que aun tiene tiempo. Otros, sin embargo, sienten que están bien encauzados profesionalmente y familiarmente y esta es una etapa para consolidarse y poner la marcha directa.
De los 30 a los 40 años se produce una etapa de asentamiento y avance. La mayoría de adultos echan raíces profundas (hogar, familia, ocupación, amigos), lo que les permite avanzar. El profesional ya no es un aprendiz, su entorno lo ve como competente y confía en él. Cada uno a su nivel. Es el momento de "ser uno mismo", de convertir el sueño en una empresa/aventura personal.
Llegan los 40 y es el momento de hacer revisión de la vida personal. La transición de la mediana edad muchas veces también adopta forma de crisis. Ya sea porque la aventura personal no ha funcionado como uno esperaba, ya sea por motivos del entorno (hijos adolescentes, padres mayores, pareja). Es el momento de ajustar el sueño a la realidad, de aceptar los propios límites , de la autenticidad, de ser uno mismo. Es también un buen momento para convertirse uno en mentor, un apoyo para nuevas personas que pueden necesitar de tu ayuda (hijos, padres o juniors en la empresa).
Con la entrada a la edad de la madurez, la transición de los 50 y las distintas etapas de la vejez podríamos continuar esta visión de las etapas de la vida, de sus contextos comunes y de las decisiones que deben tomarse. Pero no seguiré.
Mi conclusión para este boletín es la siguiente: conocerse es positivo, saber que las personas de una misma generación compartimos retos y oportunidades, también. Intentar disminuir las desigualdades sociales, culturales y de todo tipo, necesario. Pero, como dice Àlex Rovira, un antiguo compañero de trabajo, la buena suerte se tiene que buscar, creando las condiciones para ella.
Leyendo a Levinson y los autores de La Buena Suerte a Rovira y Trias de Bes, por ejemplo. Y también, orientándose con nosotros
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