31-08-2004
Con la puesta en vigor de los nuevos Planes de estudios en la Universidad, las tradicionales y escasas prácticas en empresas comenzaron a ser formalmente valoradas en el ámbito docente, ya que la nueva unidad de valor (el crédito) fue aplicada al reconocimiento de dichas prácticas; ya es posible obtener hasta cerca de 20 créditos, en una carrera de 300, mediante la realización de prácticas en empresas.Con la puesta en vigor de los nuevos Planes de estudios en la Universidad, las tradicionales y escasas prácticas en empresas comenzaron a ser formalmente valoradas en el ámbito docente, ya que la nueva unidad de valor (el crédito) fue aplicada al reconocimiento de dichas prácticas; ya es posible obtener hasta cerca de 20 créditos, en una carrera de 300, mediante la realización de prácticas en empresas. Mas aun, algunos estudios se lo han planteado en términos obligatorios, lo que a nuestro juicio puede contribuir, en ocasiones, a desnaturalizar el auténtico sentido de la experiencia práctica durante la carrera, porque cuando no se consigue suficiente oferta de prácticas, sencillamente, se inventa.
Lo anterior quiere llevar a que no todas las prácticas son iguales, como no lo son tampoco las universidades ni los profesores ni, por supuesto, los alumnos. Una cosa es concebir las prácticas en empresas como una parte esencial de la formación universitaria, en íntima conexión con ella, otra como un complemento de la misma y otra como un imperativo, no siempre alcanzable en términos adecuados.
Cuando todavía no se hablaba apenas de estas cosas, dos instituciones ligadas al ámbito de la empresa y una Universidad madrileña, diseñaron y pusieron en práctica un Programa de Cooperación Educativa entre la Universidad y la Empresa que viene funcionando desde hace diecisiete años. La Fundación Universidad – Empresa, el Círculo de Empresarios y la Universidad Autónoma de Madrid, han conseguido que hoy exista un auténtico programa de excelencia en el ámbito de la economía y la administración y dirección de empresas. Lo que se inició con cuarenta alumnos de Empresariales en 1985, se ha convertido hoy en un experimentado Programa dirigido a casi un centenar de estudiantes de las Licenciaturas en Economía y en Administración y Dirección de Empresas.
Las prácticas en la empresa están concebidas como parte integrante de la formación universitaria, el calendario escolar se ha adaptado para hacer posible la dedicación, a tiempo completo, bien a la universidad bien a la empresa. Desde 1 de septiembre a 30 de julio, los estudiantes alternan, durante los dos últimos cursos de la carrera, su tiempo en uno u otro ámbito, finalizando la carrera con la experiencia adquirida durante sus ocho meses de prácticas y con la pertinente evaluación de sus tutores empresariales. Como colofón de sus estudios, estos estudiantes han de presentar un Proyecto empresarial, que pudiera ser emprendido por ellos mismos en las circunstancias presentes, lo que representa no sólo una culminación del aprendizaje, al tener que ensamblar los conocimientos adquiridos en las diferentes materias y en la práctica, sino también un estímulo para desarrollar las iniciativas emprendedoras que anidan en las mentes de los jóvenes universitarios integrantes de este Programa de excelencia.
Las empresas que colaboran con la Universidad ofreciendo prácticas a los estudiantes de este Programa son aquellas en que los socios del Círculo de Empresarios desempeñan sus altas funciones directivas; se trata por tanto de empresas de primera línea, pertenecientes a diferentes sectores de la economía que, si algún rasgo común cabe señalar para las mismas, es su afán innovador, su defensa de las ideas de libertad de mercado y libertad de empresa y su deseo contrastado de colaborar con la sociedad mediante el apoyo de iniciativas tales como la que representa este Programa de Cooperación Educativa. Gracias a dicho apoyo, una treintena de empresas, reciben a los estudiantes durante dos períodos de cuatro meses, realizando al propio tiempo una contribución económica a la Universidad, para que ésta pueda desarrollar el Programa, becando a sus estudiantes.
Cada año, en el mes de abril, los alumnos de 2º curso de la Licenciatura son convocados para presentar sus solicitudes de incorporación al Programa. Aunque sea un Programa de la Universidad Autónoma de Madrid, se encuentra abierto a todos cuantos deseen solicitarlo, con independencia de que procedan de ésta o de otra universidad española. De lo que se trata es de seleccionar a los mejores, a los más ilusionados con la idea que la Cooperación Educativa Universidad - Empresa representa. Se inicia entonces un riguroso proceso de selección, consistente en la valoración del expediente académico y de otros méritos, tales como idiomas, informática y otras actividades, y la celebración de una entrevista personal. Con esta información se elige a los mejores, a los destinados a nutrir el Programa de excelencia.
Para comenzar con una aproximación a la realidad empresarial con la que se van a encontrar de inmediato, los alumnos del Programa, durante los meses de septiembre y octubre, atienden un ciclo de conferencias y presentaciones de empresas a cargo de directivos de las empresas colaboradoras del Programa. Se trata de propiciar una interrelación fluida entre unos y otros partícipes, alumnos y empresas, de forma tal que se inicie su conocimiento mutuo desde los inicios de cada nueva promoción del Programa, para que la elección de empresa por parte de los estudiantes y la posterior asignación de éstos a una de ellas se produzca de manera natural y a satisfacción de todas las partes implicadas. Justo al término del primer semestre del tercer curso de la Licenciatura, los estudiantes ya están listos para incorporarse cada uno a su respectiva empresa; comienza la alternancia universidad - empresa, la inmersión en la vida real de la empresa, donde el contacto con sus profesionales, la integración en una organización con sus planes, sus equipos de trabajo, sus objetivos, etc., permitirá a los estudiantes reforzar sus conocimientos teóricos con los de contenido práctico, desarrollando a la vez su propia personalidad.
¿Cómo enjuiciar el buen resultado de un Programa de esta naturaleza?. Consideramos que hay dos elementos importantes a considerar a este respecto. Primero la fidelidad de sus actores: estudiantes y empresas. Para los estudiantes entrar en el Programa de Cooperación Educativa es un signo de calidad, cada año las sucesivas promociones de alumnos siguen apostando por incorporarse al grupo de Cooperación, formar parte de los 100 de la excelencia se considera un importante objetivo. Para las empresas, baste decir que la renovación de su confianza año tras año, supone una buena muestra; más aun, algo más de un 50% de ellas viene renovando esta confianza durante más de diez años ininterrumpidos, algunas desde el momento inicial del Programa. Ello nos ha permitido un crecimiento sostenido de plazas hasta llegar a esa cifra de 100 alumnos con cuya calidad nos encontramos totalmente comprometidos, esta es la garantía de la continuidad del Programa, de que las empresas sigan depositando su confianza en él. El segundo elemento a considerar como exponente de la bondad del Programa de Cooperación Educativa es la incorporación de sus licenciados al mercado de trabajo, ofrecer algún detalle sobre esto requeriría otro artículo, por ello nos limitaremos en éste a señalar que, según datos del Observatorio de empleo de la UAM, quienes más rápido acceden al primer empleo y más pronto se promocionan son precisamente estos Licenciados, quienes mayor número de iniciativas emprendedoras acometen son también éstos. El estudio sobre la Evolución Laboral ´87-97 de los alumnos del Programa de Cooperación Educativa documenta suficientemente los anteriores asertos.
En marzo de 2002 se iniciará el proceso para poner en marcha una nueva promoción del Programa de Cooperación Educativa, la nº 18; se abre por tanto una nueva oportunidad para la incorporación de nuevos alumnos de Economía o de Administración y Dirección de Empresas al grupo de los 100 de la excelencia.
Leandro Cañibano Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid Madrid, octubre de 2001 |